El título se refiere a la tradición de la civilización azteca de guardar y observar de modo muy especial los cinco días finales de cada año: son días nefastos, ominosos, de mal agüero, "días vacíos durante los cuales se suspendía toda actividad-frágil puente entre el fin de un año y el comienzo de otro."
Fuentes los describe como días en que es mejor permanecer en casa y no salir. Al valerse para su título de los días enmascarados del calendario azteca, Fuentes enfoca su mirada sobre una interrogante que llegó a ser una constante preocupación de él y de otros importantes escritores mexicanos de su generación: ¿qué hay detrás de la máscara?
Es importante saber que el Chac Mool del cuento dice ser la figura que encontró Auguste Le Plongeon en el Yucatán.
Le Plongeon, arqueólogo que gozaba de cierta fama de ser amigo de lo fantástico, afirmó haber encontrado el nombre Chac Mool y el lugar preciso donde buscar la escultura, escritos enigmáticamente en jeroglíficos indescifrables en una pared de las ruinas mayas de Chichén Itzá.
Después de una ardua labor, dio con la figura en 1876. Las autoridades mexicanas la incautaron y se la llevaron a la Ciudad de México, donde se encuentra hasta hoy día en el Museo Nacional de Antropología.
El panteón de los dioses mayas incluye diversos Chacs, sólo uno de los cuales es el dios de la lluvia. No se ha podido conectar con certeza al Chac Mool de Yucatán con Tláloc, dios azteca de la lluvia.
En el cuento, el ídolo se enoja con Filiberto cuando éste sugiere que existe un parentesco entre Tláloc y él-Chac Mool; según reza el diario, Chac, al ser descubierto, fue "puesto, físicamente, en contacto con hombres de otros símbolos".
En una entrevista hecha en los años 60, el autor dice con respecto a las tempestades que siguieron al Chac Mool a través de su viaje a Europa: "Se hizo famoso el hecho, y por ejemplo campesinos de ciertos valles de España donde nunca había llovido mandaban unas cuantas pesetas por correo al Palais de Chaillot, que las ponían en el estómago de Chac Mool, y llovía en ese valle después de cincuenta años."4
El resultado de ello es que ahora en México se tiene la costumbre de dejar centavos en el plato de la figura, para rogar que llueva. Es un ejemplo de la manera en que se inventan mitos contemporáneos, que nosotros tomamos por antiguos.
Es bueno saber que una de las obras críticas más valiosas sobre la narrativa hispanoaamericana del siglo XX, Los nuestros (1968), de Luis Harss y Barbara Dohmann, trae un dato, interesante por inexacto, sobre el argumento de "Chac Mool".
Harss y Dohmann citan el siguiente comentario de Carlos Fuentes sobre el desenlace de "Chac Mool":
Debe saber que, al delirar Filiberto en su extensa entrega del 25 de agosto, se incluye una referencia literaria a la obra de Samuel Taylor Coleridge (1772-1834), un poeta, ensayista y crítico inglés.
Parafraseando a Coleridge, Filiberto escribe, "Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano. . . , ¿entonces, qué. . . ?" La inserción de un objeto de otro tiempo, pasado o futuro, en el presente como prueba de un viaje por el tiempo, es una idea que Coleridge elabora al escribir sobre la flor traída del Paraíso, objeto y lugar que sueña un soñador. Otros autores han tratado el mismo tema-H.G. Wells, Henry James y Jorge Luis Borges, por ejemplo. La atemporalidad-definida como la cualidad de no pertenecer a ningún tiempo determinado-ha sido un tema recurrente en la obra de Fuentes. En ella, la atemporalidad se encarna muchas veces en personajes "transhistóricos" que se arraigan en diferentes períodos de tiempo. Aquí, Chac Mool, cuya antigüedad y verdadera identidad antropológica se desconocen hasta hoy día, cobra vida y llega a dominar a un incoloro funcionario menor de gobierno, a mediados del siglo XX. El cuento vincula la insulsa existencia de Filiberto con uno de los más grandes enigmas del pasado de México.
Conviene saber que Fuentes invoca otra vez al poeta alemán Rilke en aquella misma entrega de Filiberto del 25 de agosto: "Océano libre y ficticio, sólo real cuando se le aprisiona en un caracol." La realidad del océano aprisionado dentro de un caracol reside en nuestra percepción de él; nuestro oído lo capta, y le confiere la calidad de océano, haciendo ese océano real. Repercute esta misma idea en la poesía de Rilke, hacia quien divagan los pensamientos de Filiberto en el café; el poeta alemán sostenía que el único mundo verdadero es el que se aviva dentro de nosotros. La realidad del dominio del Chac Mool sobre Filiberto depende de la percepción del dominado.
Del texto Abriendo Puertas
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